Hospitality Business Seats
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El Mundial Rusia 2018 fue mi primer Mundial como organizadora de turismo deportivo. Y fue todo a la vez — adrenalina, logística, emoción y aprendizaje.

Había trabajado en turismo deportivo durante años, vendiendo paquetes para el Mundial de Brasil 2014 desde la oficina. Veía las fotos, escuchaba las historias de los clientes, pero nunca había estado del otro lado. Rusia fue la primera vez que crucé esa línea.

Abrir algo desde cero

Mi desafío no era solo viajar a un Mundial. Era abrir el área de turismo deportivo internacional para clientes de Latinoamérica — algo que la empresa no había hecho antes. 200 pasajeros peruanos dependían de que todo funcionara: vuelos, hoteles, traslados, entradas, logística en destino. Sin margen de error.

Antes del Mundial, viajé sola a reconocer las sedes. Saransk, Nizhny Nóvgorod, Moscú, San Petersburgo. Reuniones con coordinadores, revisión de hoteles, entrevistas con los equipos locales. Rusia no es un destino fácil — en muchas ciudades el inglés era inexistente, las distancias entre sedes enormes, y la organización de un evento de esa escala tiene una complejidad que solo se entiende estando ahí.

Pero valió cada hora.

Perú vs Francia — Ekaterimburgo

Si tuviera que elegir un momento de todo el Mundial, elegiría ese partido.

Perú volvía a un Mundial después de 36 años. Para los 200 pasajeros que acompañé, este no era un viaje de turismo — era un sueño hecho realidad. La emoción en el estadio era indescriptible. Estuvimos en el Business Hospitality, en el mismo espacio que la delegación de Francia y el equipo de Japón. Esa mezcla de culturas, de selecciones, de historias distintas convergiendo en un mismo lugar — eso es lo que hace único a un Mundial.

Perú perdió ese partido. Pero nadie en ese estadio se fue triste. Porque estar ahí, después de 36 años, ya era la victoria.

Los Montes Urales — cuando el trabajo se convierte en aventura

Entre partido y partido, tuvimos la oportunidad de hacer el tour a los Montes Urales. Estar en el límite entre Europa y Asia, en medio de un Mundial de Fútbol, es una de esas experiencias que solo pasan cuando te animás a ir más allá del estadio. Rusia tiene esa capacidad — te sorprende cuando menos lo esperás.

Lo que aprendí

Rusia me enseñó que el turismo deportivo no se trata de vender entradas. Se trata de estar presente cuando alguien vive algo que va a recordar toda la vida. El idioma, las distancias, la logística — todo eso es mi trabajo para que el cliente solo tenga que vivir el momento.

También aprendí que los Mundiales tienen una magia que no se puede explicar desde afuera. Solo se entiende estando adentro.

Por eso en 2022 volví — esta vez a Qatar. Pero esa es otra historia.

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